Lunes.
El
día se envileció temprano en la mañana, casi sin querer
una mueca de fastidio se dibujó en su rostro, al apagar
el maldito despertador.
El
espejo devolvía una imagen lagañosa y envejecida,
"triste" repetía, al parecer su otro rostro
devuelto por el espejo.
El
lunes tormentoso fue cómplice de su tristeza. En su
lectura, Borges repetía hasta el hartazgo o al menos eso
parecía, la palabra "triste", y el en su corazón
moría ante cada renglón de lectura. Dócil se entregó
sin luchar ante el monstruoso lunes, que se mostraba
enorme y majestuoso al comienzo de la mañana, mientras no
dejaba de escuchar en su mente, el flagelo de la palabra,
haciendo eco, entre sus neuronas.
"Triste"
volvió a repetir como un autómata, al abrir su libreta
de apuntes, buscando algún refugio, tomó su lapicera y
comenzó, sus manos se revelaban torpes ante su mente que
no cesaba de repetir "triste", al final fueron
solo treinta y siete veces, las que aparecieron escritas,
como despertando de un duro letargo, sacudió su cabeza y
se deshizo rápido de la hoja, que hecha jirones al caer
delineó caprichosa la palabra "triste". Lo
volvió a intentar, apoyó su mano en otra hoja virgen, y
la cerró de inmediato, temeroso de ceder.
La
llegada a su trabajo le devolvió algunas caras grises,
abotonadas de rutina, solo su amiga se acercó y preguntó
¿qué pasa?. Casi sin abrir su boca, desde su interior,
deletreó casi sin querer "triste".
La
mañana siguió inequívoca su ruta hacia la tarde,
respondiendo "triste" ante cada pregunta.
La
tarde pasó inadvertida, entre bostezos y modorras,
despertándose de a ratos escuchan como un susurro en sus
oídos, implacable y monótono "triste".
Se
puso el traje de contento, antes de entrar en su casa,
mientras observaba lo holgado que le quedaba, monótona
discurrió la cena, haciendo esfuerzos para no repetir las
afirmaciones de su mente que no cesaba.
Fin
del martirio pensó luego de acostarse, cerró los ojos al
fin, pasaron una, dos, tres
horas, un sudor frío recorría su cuerpo, la bilis devolvía
hiel en su boca. Se levantó
desvelado, cuatro y cuarto oprimía tirano el reloj de la
cocina, pensó en martes, solo descansó después de
recordarlo.
La
mañana lo encontró cambiándose a los apurones, no tuvo
tiempo para mirarse, o tal vez no quiso, juntó sus cosas
y salió. Dormitó un rato en el subte, invicto de
pensamientos. Subió las escaleras, lento, levantó la
vista y encintró al lunes, ahí no mas pasando el
molinete, se detuvo paralizado, dudando unos minutos,
recorrió algunos lugares oscuros de su mente, sin
encontrar la palabra, infló su pecho con una gran
bocanada de aire enviciado que lo hizo toser, dio el
primer paso un hilo de sudor recorría su rostro, al fin
se animó, cruzó el molinete con fuerza, con el
"martes" como escudo. Uno, dos, diez pasos, una
cuadra, fin pensó aliviado, bajó un instante el
"martes" y sus pensamientos de lo que haría a
la tarde, error, ahí estaba para acecharlo, detrás de la
esquina, al cruzar, la tristeza lo invadió, penetró en
su alma, hiriéndolo de muerte.
Uno
más gritó victoriosa la tristeza, mientras caminaba
lastimosa por la vereda sur, buscando otra victima, ávida
de mortales.
Martes
pensó por un momento el alma justo antes de caer una
tarde de otro "martes" vestido de
"lunes".
©
Alejandro Crimi.